19.06.2018

Haz que crucen el mundo por tu marca

Brand Development

Cuando haces un excelente trabajo desarrollando tu marca y generando experiencias memorables, logras que las personas sean capaces de cruzar el mundo para trabajar contigo. Así me pasó a mí y a mis compañeras, con Fiona Humberstone, The Brand Stylist.

Imagina que te encante lo que haces a tal punto que te quedas hasta altas horas de la madrugada o te levantas antes que nadie los fines de semana para sumergirte en las ideas y llevarlas a cabo, porque no puedes esperar.

Imagínate que un día, buscando y buscando, al fin encuentras a alguien que parece tener una visión muy parecida a la tuya y la está compartiendo en su web, en sus redes y en un libro espectacular como los que sueñas hacer y que buscas en las librerías sin éxito.

Le compras el libro; la sigues. Avisa que dará un taller en NYC y decides ir. Vuelves con la cabeza volando y con una nueva forma de hacer las cosas y lo que aprendiste con ella se convierte en uno de los grandes diferenciales de tu marca.

Un día escribe sobre su experiencia trabajando con Elizabeth Cairns, una coach amiga suya, y decides también trabajar con ella, al menos virtualmente. Un placer.

Saca un segundo libro y lo compras y siguen en contacto con. Te cuenta que hará un retiro y te invita, pero no puedes ir porque sientes que tus niños están demasiado pequeños para dejarlos. Pero te prometes hacerlo… algún día.

UN NUEVO VUELO

Hace mucho que sabía que tenía que dar un salto con mi marca y tomé la mejor decisión posible para lograrlo: me fui a un retiro de Branding con Fiona Humberstone, The Brand Stylist a Europa.

Sí. Tal cual: un retiro de Branding: 21 emprendedoras hiper apasionadas, lideradas por la autora de mis libros favoritos sobre el tema y quien hizo hace tres años un taller en Nueva York al que viajé apenas por una noche con cinco meses y medio de embarazo y que cambió mi forma de mostrar lo que hago.

El lugar escogido por esta inglesa loca por crear experiencias de marca increíbles fue Cal Reiet, un lugar de ensueño tipo oasis, con menú vegano y vegetariano y especializado en retiros holísticos de yoga. Ubicado en Santanyí, un pueblo con el mejor mercado callejero de Palma de Mallorca, su nombre significa Casa del Pequeño Rey y su casona principal fue construida en 1881.

El plan era sencillo: cuatro días para desconectarnos del mundo y sumergirnos en el alma de lo que hacemos de la mano de las mejores. Porque Fiona no estaría sola: también nos acompañaría Elizabeth Cairns (@andthrive), una coach con la que yo ya había tenido la fortuna de trabajar a distancia y se sumarían Cecelina, que documentaría todo con su cámara y su mirada tan especial, y Chikae, quien nos daría una clase de fotografía y estilo de vida.

La guinda de la torta en el menú era el spa de Cal Reiet y todos los tratamientos que ofrece. Antes de viajar ya tenía decidido que me haría un masaje. La agenda destinaba pequeños espacios de descanso, ya que la aventura prometía ser intensa. Sabía y sentía que sería una experiencia fuerte. Pero nada me preparó para lo que viví.

Todo comenzó un año antes, cuando Fiona lanzó oficialmente el retiro y se abrieron las inscripciones. Era la segunda vez que se hacía y ya me había quedado con ganas la primera. Esta vez tenía ganas y decidí pensarlo. Pero ni Fiona esperaba lo que pasó: se vendió todo el retiro en menos de 48 horas.

Meses más tarde estaba sentada frente a mi computadora cuando recibí la notificación de que Fiona había comentado una de mis publicaciones. “¡Gracias! Y si por casualidad se llega a abrir un lugar en tu Retiro, por favor, avísame. Me muero por ir”.

Ya debiera estar acostumbrada, porque siempre me pasan estas cosas: No pasó ni un minuto y recibí la respuesta: “No me lo vas a creer, pero se acaba de abrir una vacante. Una de las chicas canceló, pero necesitaré tu respuesta esta noche”. Creo que no demoré diez minutos en revisar costos, agenda y contestarle: “¡Voy!” Todavía me río sola de sólo recordar la emoción y adrenalina que sentí.

A los días recibí un mensaje de Elizabeth, quien acompañaría a Fiona en el retiro liderando algunas de las sesiones de empoderamiento. “Me contó Fiona que vienes ¡Qué emoción conocerte en persona!” El viaje prometía ser una fiesta.

Un mes antes de partir recibí una caja envuelta en un papel de The Brand Stylist. En ella, cuadernos de trabajo, una guía de Mallorca y una carta en la que me adelantaba que sería una aventura muy, muy especial. No hubo detalle al azar.

Durante las dos o tres semanas previas al viaje, Fiona conversaba a diario en las redes sobre los preparativos, que no sólo involucraban presentaciones y contenido, sino también la elección del guardarropas para la ocasión. Era un viaje de trabajo, sí, pero uno muy femenino que, sin dudas, incluía cuidarnos. En todo sentido.

Partir no fue fácil. Tuve que organizar la logística que implica dejar varios días a una nena de 5 que va al colegio, a un nene de 1 año y 9 meses que va al jardín, al marido y a todo lo que pasa alrededor de ellos tres. Por suerte también tengo a mis tíos y a Kem, que me ayuda a cuidar especialmente a Antonio y que se quedaría durante las cinco noches en las que yo no estaría.

El retiro comenzaba un martes a las 14 hrs y terminaba el viernes a esa semana a la misma hora. Conseguí un pasaje para pa

rtir el lunes a mediodía y llegar a Mallorca a eso de las 10 de la mañana, cosa de estar en el hotel a mediodía. El viernes partiría luego del cierre y llegaría a Montevideo a las 8:30 del sábado. Estaría fuera lo menos posible. I-DE-AL.

Y así, entre lágrimas de culpa y miedo, y con mucha expectativa, me embarqué.

Al arribar al aeropuerto de Palma de Mallorca me encontré con Evelyn, quien venía desde Washington D.C. para el retiro. Algunos vuelos estaban retrasados, por lo que no nos encontramos con otras chicas con las que habíamos planeado juntarnos para compartir un auto hasta el hotel. Nos tomamos un taxi y conversamos sin parar hasta llegar.

Llegar a Cal Reiet llevó menos tiempo del que esperaba, pero me impactó más de lo que anticipé. El lugar es increíble. Abrazar a Fiona y a Elizabeth fue emocionante. ¡Hace tanto tiempo que deseaba estar ahí con ellas!

Conocí a Camilla, de Colorado (EEUU), quien sería mi compañera de cuarto. Juntas, descubrimos los bolsos llenos de regalitos que nos había dejado Fiona sobre la cama de cada una. Nos tocó una casita con la que compartíamos living, comedor, cocina y hasta un patio con otra habitación en la que, eventualmente, dormirían Elizabeth, Cecelina y Chikae.

Jamás sospeché que el universo estaba cocinando algo tan rico, porque luego descubriría que con Camila teníamos mucho más en común de lo imaginable: habíamos tomado los mismos cursos, seguíamos a las mismas personas, y resultó ser una coach increíble, dulce y generosa con la que fue un gusto compartir esos momentos de recopilación al final del día y de expectativa a primera hora de la mañana.

Y llegó la primera sesión, a la que entramos descalzas. Fue en la sala de yoga, en la que estaban montadas las mesas y la pantalla. Sobre los manteles blancos había pétalos, velas aromáticas y a cada una nos esperaba un “Journal” hecho por Fiona, de portada texturada e impreso en foil. El sonido vibrante de un cuenco de agua marcó el comienzo.

Con ese deleite a los sentidos os sumergimos en @TheBrandStylistRetreat: nuestra gran aventura en Cal Reiet.

¿Qué experiencia de marca estás trabajando para crear tú?

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